Esta es la historia de un famoso reto de blackjack, que tuvo lugar en el casino Horseshoe de Las Vegas, en 1978, entre el casino y el experto jugador de blackjack Ken Uston.
La historia de este reto había comenzado un tiempo antes, cuando Uston recibió un llamado telefónico de Gary Hoffman, un productor de programas de tv. Le comentó que estaban produciendo un programa de entretenimientos, con entrevistas a muchas personas relacionadas con el ambiente del juego. Entre los entrevistados se encontraban Shecky Greene, Totie Fields, y Allen Glick, que era el jefe de Argent Corporation, en ese momento dueña de los casinos Stardust, Hacienda, y Fremont, ubicados en Las Vegas. Hoffman le explicó que también deseaban entrevistarlo.
En esa época, Uston tenía la entrada prohibida en varios casinos (Sands, Dunes, MGM, Marina, Holiday Riverboat, Flamingo, y Las Vegas Hilton) y los había demandado por 80 millones de dólares. Hoffman mencionó, además, la posibilidad de filmar a Uston jugando blackjack. Uston se entusiasmó con la idea. Mencionó como posibles casinos para realizar el juego el Caesar’s o el Horseshoe, de Benny Binion.
En 1977 Uston había escrito el libro The Big Player, junto con Holt, Rinehart y Winston, en el que explicaba como, junto con un equipo de jugadores de blackjack, habían logrado ganar más de un millón de dólares en casinos de Las Vegas y Europa.
Poco después del llamado telefónico, Uston fue llevado a Nueva York, para participar del programa Tomorrow , de Tom Snyder. En ese mismo programa también participaron Amarillo Slim, un famoso jugador de póker, y Steven Wynn, el Gerente del casino Golden Nugget de Las Vegas. Estando en Nueva York, Hoffman le anunció que habían arreglado un reto con el casino Stardust, para filmarlo en acción.
Pero la grabación del programa Tomorrow fue para Uston una decepción ya que, por la cantidad de invitados, nunca tuvo oportunidad de explicar su punto de vista con respecto al blackjack, ni el motivo por el cual había demandado a los casinos. Peor aún, Hoffman llamó para decir que el Stardust se había retractado del acuerdo, sin dar explicaciones. Uston decidió entonces apelar a la buena voluntad de Harry Wald, Vice-Presidente Executivo del Caesars Palace. El Caesars era uno de los pocos casino que no había prohibido la entrada a Uston. Wald aceptó reunirse con él para discutir el tema. Pero tampoco resultó como Uston esperaba: Mike Velardo, jugador experto de blackjack y jefe de piso del casino, presente en la reunión, se negó de plano. a las condiciones que Uston pedía. Ofreció un juego de blackjack con un shoe de 4 mazos, con corte de 3 mazos, en cuyo caso Uston sólo vería 52 de las 208 cartas del shoe. Después de algunas discusiones, llegaron a un último acuerdo: un corte de dos mazos, apuestas mínima y máxima de 300 y 100 dólares, respectivamente. Uston debía aguardar la respuesta definitiva en los días siguientes.
Mientras tanto, Uston recibió una alentadora llamada de Hoffman, diciendo que el Horseshoe había aceptado el reto de blackjack y que Jack Binion quería hablar con él.
Uston se dirigió al Horseshoe, donde Jack Binion observaba jugar a un apostador en la mesa de mini-baccarat, que llevaba acumulados 60.000 dólares de ganancia. Binion explicó a Uston sus condiciones: reparto de 16 cartas, y una variación de apuestas de 2 a 1. Uston no estaba demasiado conforme, ya que, además, las reglas del Caesars favorecían más a los jugadores. Pero jugar en el casino de Binion podría tener algunas ventajas, ya que se jugaba blackjack con 1 sólo mazo, y sería más sencillo contar las cartas. Uston insistió un poco más para mejorar sus condiciones: pidió una apuesta mínima de $300 y una máxima de $1,000, y jugar 20 cartas. Finalmente el acuerdo quedó en 16 cartas con opción a 16 más, y apuestas de entre 400 y 1.000 dólares. Quedó pendiente la posibilidad de jugar múltiples manos.
Uston llamó entonces a Harry Wald, del Caesar’s, para ver si podía torcer un poco las condiciones a su favor, ya que prefería jugar en ese casino. Pero Wald, muy respetuoso de la gente que trabajaba para él, no quiso pasar sobre las decisiones de Mike Velardo.
Así fue como una noche, no mucho después de esta conversación, Uston se encontró entrando en el Horseshoe, dispuesto a jugar un reto de blackjack por un premio de 50.000 dólares. Nunca antes se había televisado un evento de este tipo, por lo que la excitación en el lugar era inmensa: reporteros, cámaras de tv, expertos en blackjack, muchos curiosos agolpados en derredor de la mesa especialmente dispuesta para el juego.
Según contó luego Uston, hacía mucho tiempo que no sentía tan nervioso, a pesar de su larga experiencia en el blackjack, y habiendo jugado partidas en las que se apostaban muchos miles de dólares en cada vuelta. Pero Uston se jugaba mucho más que un premio: todo su prestigio de jugador de blackjack estaba en juego, ya que alrededor de 8 millones de personas presenciarían el evento a través de la televisión. Y si perdía, las ventas de su libro de blackjack se verían muy afectadas, lo mismo que el seminario semanal de blackjack que se daba en el Jockey Club. Sin mencionar los derechos para una película que se rodaría en Hollywood. Más allá del dinero que podría perder en el reto mismo (Uston calculaba unos 20.000 o 30.000 dólares), sentía que su futura carrera estaba en juego.
Si algo faltaba para terminar con sus nervios, le avisaron pocos minutos antes de comenzar que, si comenzaba a jugar con una mano, o con dos manos, así debía seguir el resto del juego. Uston no podía aceptar esa condición. Pidió que se reviera la medida. Pocos minutos después, era recibido por el dueño del Horseshoe, Benny Binion, junto a sus hijos. Uston sostuvo su posición: mientras siempre tuviera un mínimo de $400 sobre la mesa y nunca más de $1,000, necesitaba poder variar el número de manos jugadas. Tras unos momentos de reflexión, Benny aceptó esta variable, con una condición: "si llegas a más de $5,000, tendremos que cortar tu rango de apuestas de 2 a 1. Si te atoras, te aumentaremos de 3 a 1." Con las condiciones finalmente claras, Uston estaba listo para el gran encuentro.
Una vez en la mesa, sacó de su portafolios los $50.000 en efectivo acordados. El crupier ya tenía listas las fichas negras de 100 dólares. Irónicamente, ahora Uston jugaría contando cartas a la vista de todos, y nadie lo impediría.
Uston contaba con tener una ventaja de alrededor del 0.5%, pero al comenzar la primera mano, con una apuesta de 400 dólares, creyó vislumbrar que esa ventaja sería un 0.3% mayor. Por empezar, y por un acuerdo con los productores del programa, las cartas se repartirían todas boca arriba, para que la gente pudiera seguir el juego. Por otro lado, después de algunas manos, Uston había descubierto que podía ver la carta quemada. Si la carta era chica, entonces apostaba entre 400 y 500 dólares; pero si era 9, 10 o As, apostaba dos manos de 200 dólares y así achicaba la cantidad de vueltas de ese mazo. Teóricamente, además, según los matemáticos del blackjack, el riesgo es menor con 2 manos de $ 200 que con una de $ 400. Cuando las cartas volvían a ser favorables, volvía a jugar una mano de $400. Otra ventaja que le daba el Horseshoe era que le permitía separar Ases. Después de algunas manos con estas condiciones, Uston llegó a la conclusión de que su ventaja había ascendido al 1%, lo que le daba un promedio de ganancia de $900 por hora. Pero para su desilusión, a las 8 horas de juego todavía se encontraba por debajo del 60% de probabilidades de ganar.
En los primeros minutos de juego ganó $3000. En ese momento las cámaras de tv se retiraron. Aunque Uston temió que las cosas cambiaran al no estar la televisión presente, nada varió en el acuerdo hecho con Binion. En una hora, había llegado a $5000. Pero la suerte no duraría: con una apuesta de $1000, un 11 y habiendo doblado con otros $1000, se pasó con un As. Luego perdió otras dos apuestas seguidas de $1000. Así llegó a estar $5000 abajo. Luego las coas se pusieron parejas, hasta que uno de los jefes de piso descubrió que Uston podía ver la carta quemada y le hizo la advertencia a la crupier, que minutos después fue reemplazada.
Nuevamente, y a pesar de estas precauciones, Uston logró encontrar una posición en su asiento desde la cual podía ver la carta quemada. Esta vez, nadie pareció advertirlo.
Pero luego de 3 horas más de juego, todo transcurría demasiado lento para Uston, quien había llegado a ganar $6500. Pidió descansar un rato y le asignaron un cuarto, mientras personal de seguridad custodiaba el dinero y las fichas de blackjack. Una hora después, las cámaras de tv regresaron y Uston bajó nuevamente al salón de juego, donde se encontró sorpresivamente firmando autógrafos para los fanáticos del blackjack. Luego de un reportaje con Hartman, y de resumir los acontecimientos de la partida hasta ese momento, el juego se reanudó.
El algunas horas, Uston llegó a $10.400. Llegado a ese punto, Uston sabía que su rango de apuestas se vería reducido, por lo que seguir jugando ya no le resultaría ventajoso. Acordó entonces con Teddy Binnion terminar el juego allí mismo.
Hartman entrevistó entonces a Uston y Binnion, juntos. Binnion no pudo ser más claro, cuando le preguntaron si Uston era un tramposo del blackjack: "Claro que no, es ciencia. Ciencia es lo que es. Usó su cerebro. Le dimos duras reglas, y la ventaja que tenía era mínima, así que ganó justamente. El merece haber ganado."
Uston cuenta que, de regreso en su hotel, después de la cena, pensó en lo maravilloso que había sido poder jugar blackjack sin tener que ocultarse, con reglas claras para ambas partes, sin miedo a ser expulsado o incluso detenido como si fuera un criminal, como le había sucedido en un par de casinos, y sin que nadie intentara hacerte perder a toda costa.
Recordó una broma de Benny Binion: "¡No te vayas a rasurar esa barba y regreses aquí disfrazado eh!" Uston prometió jamás hacer eso en el Horseshoe. Pero dejó fuera de la promesa al resto de los casinos: si era ése el único modo de seguir jugando blackjack, pues… así sería.




