El factor suerte en el blackjack

Es por cierto sumamente difícil establecer una estrategia para el blackjack, así sea contando cartas o calculando probabilidades. Pensemos que cuando se juega con 6 mazos, que son 312 cartas, es prácticamente imposible prever cuáles serán las siguientes cartas en salir. Simplemente para darnos una idea de lo que esta cantidad de cartas significa, pensemos que hay 72 figuras que valen 10 puntos cada una. 
Por lo tanto lo más conveniente para el jugador de blackjack es concentrarse primero en la jugada propia y luego en la del real adversario: la banca.
La única estrategia aplicable es en el caso de que la carta abierta del repartidor sea un As o una figura; en cuyo caso tiene altas probabilidades de lograr ganar la mano con la segunda carta. Esto limita severamente nuestras posibilidades de juego.
Es importante recordar que el objetivo es alcanzar un punto ideal, que no debe ser forzosamente 21, ya que se puede ganarle a la banca con 17, 18 ó 19 puntos, si la banca no llega o se pasa. Esto mismo sucede en el juego español llamado la Veintiuna, o en el Siete Medio, donde también hay una cifra ideal, pero si nadie la alcanza, gana quien más se haya acercado a ella sin pasarse.
Vamos a ver algunas posibles jugadas iniciales, que son las más importantes de la partida.
Supongamos que, de todos los jugadores en la mesa, quedan en juego tres, aparte de nosotros, después de ver sus cartas iniciales. Generalmente quien tiene buenas cartas al principio dobla la apuesta. Mientras que aquellos que no tienen tan buenas cartas piden cartas (y pueden pasarse) o se plantan con un valor que seguramente no servirá para ganar.
Es importante recordar que si la banca llega a 17 puntos está obligada a plantarse; pero si obtiene 16 puntos está obligada a pedir carta, lo que aumenta considerablemente las posibilidades de que se pase. Claro que también puede obtener un 5 o menos, en cuyo caso es altamente probable que gane la partida.
Estas son las únicas circunstancias en que el croupier está obligado a realizar determinadas jugadas, según las reglas del blackjack, que, en este caso favorecen a los jugadores.
Pero esas mismas reglas nos ponen en situaciones menos satisfactorias, como, por ejemplo, cuando hemos doblado la apuesta después de ver nuestras cartas iniciales, y no podemos ver la tercera carta hasta que el croupier haya levantado todas las cartas de la mesa para ver cuál es la mano ganadora, lo que limita nuestras posibilidades de aumentar las ganancias.